25 de juny de 2017

El CETA, ¿un tratado progresista?








Escrito por:  Alberto Martínez
Miembro de Attac y la campaña NO al TTIP/CETA/TISA
 


Los defensores del CETA repiten una y otra vez los mismos argumentos sin presentar ninguna evidencia que los avale. Son simples consignas faltas de rigor al no estar refrendados por la realidad del texto del tratado. O no lo conocen o son cínicos sin ningún tipo de pudor.

Machacan con el argumento de los valores compartidos entre la UE y Canadá. ¿Cuáles son esos valores? En Canadá están autorizados los transgénicos sin etiquetar en la alimentación humana, en la UE, no. En Canadá, la agricultura industrial con utilización masiva de pesticidas, muchos de ellos prohibidos en la UE, es la norma, frente al modelo europeo basado fundamentalmente en pequeñas y medianas explotaciones familiares o de cooperativas. En Europa funciona el “principio de precaución”. En Canadá la “gestión del riesgo”...

El 70% de mineras mundiales son canadienses, y no hay más que fijarse en el ejemplo de Corcoesto para adivinar la oleada de demandas ante los famosos tribunales de arbitraje del ICS (Investment Court System) que nos caerían cuando el gobierno central, los gobiernos autonómicos o municipales quisieran poner trabas de algún tipo a la actividad de dichas empresas. Además, la mayoría de empresas canadienses son filiales de transnacionales de EEUU, por lo que el CETA sería de hecho la puerta trasera que utilizarían las mismas para beneficiarse del ICS.

Cuando dicen que es un tratado progresista, ¿a qué se refieren? El capítulo de empleo y desarrollo sostenible no cita en ningún momento el principio de precaución consagrado en el Tratado de Lisboa de la Unión Europea. Los derechos laborales no son vinculantes y por tanto ejecutables de forma efectiva ante ningún tribunal. La resolución de los posibles incumplimientos se deja a la buena voluntad de las partes, sin obligaciones concretas


¿Es progresista la lista negativa de compromisos mediante la cual todos los servicios (incluidos los públicos) están abiertos a la liberalización (privatización) si no se meten en dicha lista? ¿Qué pasa con las necesidades futuras que no se prevén en el momento de su elaboración?

¿Es progresista la cláusula standstill que establece la congelación del nivel de liberalización (privatización) de todos los sectores económicos en el momento de la entrada en vigor del CETA?

¿Es progresista la cláusula ratchet que impone a los gobiernos el avance en una sola dirección (la de liberalizar y desregular) e impide la vuelta atrás  en el sentido de revertir en aras del bien público decisiones que gobiernos anteriores hayan tomado?     

¿Es progresista que en el capítulo de medioambiente del CETA no aparezca ni una sola referencia a los objetivos a los que la UE se comprometió en el tratado de París de 2015,  mientras se fomenta la importación de arenas bituminosas o gas de fracking de Canadá?

Cuando en el instrumento interpretativo del CETA se menciona el “derecho a regular” de los gobiernos, solo se dice una media verdad. La cara oculta de esta afirmación es el “derecho” de los inversores extranjeros a hacer uso del Sistema de Tribunales de Inversión (ICS) para elevar demandas contra dichos gobiernos cuando al regular interfieran de alguna manera en sus beneficios presentes o futuros. Es decir, nadie te impide regular, pero tendrás que pagar un alto precio por ello. Ejemplos los tenemos a cientos en otros tratados de inversión a lo largo de los últimos 20 años. ¿Es esto progresista?

¿Es progresista que bajo la “cooperación reguladora” establecida en el CETA, cualquier iniciativa legislativa de una parte (UE) tenga que ser consultada con la otra parte (Canadá) antes de ser llevada a los propios parlamentos? ¿Y que las empresas transnacionales tengan el derecho de “opinar” sobre la idoneidad de cualquier proyecto de normativa, ley o regulación que pueda “afectar al comercio”?

La campaña NO al TTIP/CETA/TISA tenemos argumentos basados en numerosos estudios, análisis e investigaciones sobre las tripas del CETA. No nos inventamos nada, no somos demagogos, no hablamos por hablar. Y en cuanto a la acusación de proteccionistas..., pues sí, no lo ocultamos, reconocemos con orgullo que lo somos.

Somos proteccionistas de los derechos laborales conseguidos con tanto esfuerzo, con tanto sacrificio y a través de tanto tiempo. Queremos proteger el planeta en el que vivimos, una alimentación sana, nuestros datos personales, la sanidad y la educación públicas, el derecho al agua, el derecho a una energía no contaminante y asequible, el derecho a la democracia y a ser consultados, el derecho a un “trato justo y equitativo” para todas las personas, y no para que unas élites utilicen ese concepto de forma fraudulenta en su propio beneficio.

Y, que se sepa, no estamos en contra del comercio. Estamos en contra de “este comercio” representado por el CETA y sus hermanos gemelos, como el TTIP, el TISA u otros que la Unión Europea está actualmente negociando o en vías de negociar. Parafraseando a Ortega: no es eso, no es eso.